Ilie Ciocan, el veterano de la Segunda Guerra Mundial más longevo del mundo, falleció a los 112 años en Rumania. Según los registros de superlongevidad, también era el segundo hombre más viejo del planeta, aunque en su país se le consideraba el número uno en esa lista.
Ciocan nació el 10 de junio de 1913 en la localidad rumana de Galicea. Fue testigo de la Primera Guerra Mundial, durante la cual Rumania se declaró inicialmente neutral para luego unirse a la Triple Entente. Tras la derrota del Imperio Austrohúngaro y del Imperio Ruso, Rumania incorporó territorios como Transilvania.
Aunque la guerra le quedó en la memoria como breves flashes de su infancia, su vida quedó marcada por la pérdida de sus padres: su padre murió cuando tenía seis años y su madre, a los 12, dejándolo sumido en la pobreza.
La Segunda Guerra Mundial la vivió de manera directa. Ciocan formó parte del Ejército del Reino de Rumania, que, tras un periodo de neutralidad en 1940, pasó a integrar el Eje, liderado por Alemania nazi, Italia fascista y Japón. Integrante del 6º Regimiento de Artillería de Pitesti, fue enviado al frente en 1941, a los 27 años. Desempeñó funciones como artillero y mensajero, trasladando alimentos y artillería en cabalgatas de hasta un día y medio en Hungría, Checoslovaquia y el Frente del Don, en Rusia.
Este periodo marcó profundamente su vida y lo convirtió en una figura emblemática entre los 3.200 habitantes de Galicea. Su fallecimiento fue confirmado el miércoles 27 de mayo por su familia y el alcalde local.
“Pasé cuatro años en el frente como artillero, pero nunca maté a nadie. Recuerdo haber derribado un avión enemigo mientras todos disparaban con ametralladoras. Pensé que, si iba a morir, sería de todos modos”, recordó Ciocan hace cuatro años en el diario rumano Adevarul. También agregó: “Luché en ambos frentes, pero las balas me esquivaron. El caballo me salvó de la muerte muchas veces. Era fiel; cada vez que iba a buscar munición, relinchaba y sacudía la cabeza, como si hiciera la señal de la cruz tres veces. Parecía que rezaba para que no nos pasara nada malo”.
Ciocan aseguraba que siempre llevaba un rifle, aunque nunca disparó contra otra persona.
Además de su condición de veterano de guerra más longevo, Ciocan era el rumano más anciano registrado en la historia del país y, según diversas fuentes, la segunda persona más longeva del mundo, detrás del brasileño João Marinho Neto. Este último cumplió 113 años y 236 días el pasado viernes, mientras que Ciocan falleció con 112 años y 351 días. Sin embargo, en Rumania sostienen que él contaba con documentos que certificaban su edad exacta, mientras que la verificación de los datos de Neto aún no se había completado.
Independientemente de su posición en la lista de longevidad, su edad avanzada despertó interés en la comunidad de gerontólogos. En sus últimos años, vivió bajo el cuidado de sus nietos, manteniendo una dieta saludable basada en carne picada, frutas y verduras jugosas debido a la pérdida de sus dientes.
Se mantuvo muy activo hasta los 90 años, edad hasta la cual usó la bicicleta para desplazarse diariamente a su trabajo. Tras la guerra, trabajó en la Dirección de Rutas y Puentes. Los primeros años después del conflicto fueron difíciles, alimentándose incluso con sopa de alfalfa. También trabajó como pescador y en las montañas.
Su familia destacaba que la fe fue un pilar fundamental para su buena salud; a los 103 años seguía leyendo la Biblia sin anteojos. Con el paso del tiempo, su visión fue decayendo y en sus últimos años sólo reconocía sombras e identificaba a sus seres queridos mediante el tacto, tocando su ropa y rostros, según relató una de sus nietas.
Además de las dificultades visuales, los separaban varias generaciones y mundos distintos, pero su legado perdurará en la memoria de su comunidad.
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